Una habitación repleta y una canción suena de fondo, no puedo distinguirla entre tanto ruido... todos hablan sin decir nada, mueven la boca convencidos de que son palabras lo que sale de sus bocas... yo sólo escucho ruidos, muy molestos por lo demás, y la canción de fondo; una tonada que trae tranquilidad en el caos.
Cierro los ojos, intentando concentrarme en la música, lo que se hace imposible... me alzo entre la multitud y lanzo un grito estridente, "CÁLLENSE!!" se oye en la ruidosa habitación... obedientemente todos lo hacen, sorprendidos ante mi repentina arremetida. Vuelvo a cerrar los ojos, agudizo el oído y nada... la música desaparece en el instante perfecto para haberla oído. Pasados unos segundos todos vuelven a sus desagradables ruidos...
Me siento en el fondo de la habitación y vuelvo a percibir la música, pero nuevamente no logro distinguirla! En voz baja comienzo a insultar... Pronto la rabia se apodera de mi y mis insultos se oyen por sobre el ruido de los demás... Me callo al notarlo, y los demás vuelven a lo suyo.
Decepcionado vuelvo a mi asiento, el ruido sigue, al igual que la música de fondo, imperceptible para mi. Último intento, reúno fuerzas, lleno los pulmones, y con un gran grito los expulso a todos de la habitación...
Afino el oído y nada...
Ahora, totalmente solo, vuelvo a sentarme para llegar a la siguiente conclusión: la música no era más que la suma de las voces de quienes me acompañaban...
Diego Jeldes González
♫♫ Torpe, pero sincero... ♫♫
sábado, 16 de febrero de 2013
lunes, 28 de mayo de 2012
Divagaciones Varias
El reloj marca una hora que me niego a ver, sé que es tarde, mirarlo no cambiará nada. La vista se desvía... chucha! son las 3! El insomnio se ha vuelto un compañero habitual este ultimo tiempo, y no es que lo desprecie, pero ya se ha comenzado a volver molesto. Sobretodo porque trae mucho de ti; compañera distante y cercana, tan ajena como cotidiana.
Y es de todo lo que he querido escribir hoy, ya que el insomnio me abunda y te vuelve el tema recurrente... tu, hace cuanto te conozco y hasta cuando lo haré? cuantos rostros y muecas te mostraré? y cuantos ya te he mostrado sin saber? Porqué aunque uno no quiera nuestra faz cambia a cada instante, entregando siempre nuevos semblantes a quienes nos rodean; ergo, nunca cargamos con la misma apariencia.
Esto lo sé muy bien, ya que suelo aprovecharme de mis mutaciones faciales, valiéndome de mascaras y otros artilugios para aparentar o disfrazar lo que realmente soy... esto nos trae otra pregunta a colación; quien soy? y porque habría de ocultarlo? Si bien tiene el aspecto de una compleja pregunta filosófica, la respuesta es bien simple; No Sé... y es que nadie sabe realmente quien es, y quien asegure saberlo seguramente se equivocará. Y, por tanto, si no sé quien soy, porque querría ocultarlo? otra pregunta aparentemente compleja, no obstante mi respuesta es simplista nuevamente; el ser humano por definición tiene un concepto negativo de sí mismo, aunque asegure lo contrario... lo que me lleva a acuñar la frase "Nadie es tan bueno como dice, ni tan malo como cree"...
Tenemos la tendencia a creer que lo que albergamos en nuestras cabezas causará repulsión en los oídos de otros, por ello lo ocultamos, o bien, lo disfrazamos al salir a la luz, entregando lo que creemos que la gente quiere o espera oír. Es por ello que, como lo dice Harry Morgan en un capitulo de la tercera temporada de Dexter, solamente percibimos dos cosas de las personas "Lo que queremos ver y lo que nos quieren mostrar".
Bueno, basta de divagación por hoy, ya que como canta Silvio en "Debo Partirme en Dos", 'me fui enredando en más asuntos'... Acabé filosofando, cuando me convocaban otras musas, pero otro día tocará hablar de ti...
miércoles, 25 de abril de 2012
Búsqueda
Un niño juega con los rastros de algo que estoy seguro desconocer. Lo manipula a voluntad y lo presenta ante mi, con total soltura; "es tuyo ahora, no lo pierdas", me advierte, mientras desaparece del cuadro. Desde otro distante me mira una mujer, sin percatarse del objeto que ha sido depositado en mis manos. Me mira, sonríe y se esfuma. Fin del primer acto.
La mujer y el niño se toman de la mano y se acercan, yo no estoy, pero ellos no lo saben, su paso es seguro y a ratos me asusta. Ya están muy cerca y comienzo a retroceder, intento devolverle el objeto al niño pero no puede verme, ya es tarde, debo estar ahí. Alejarse o permanecer, decisión vital para la prosecución de la obra. Decido quedarme, pero la mujer y el niño pasan de largo y siguen en mi búsqueda; no estoy ahí, no estoy acá, posiblemente carezca de materialidad, quizás sea afortunado o profundamente desdichado. El niño se detiene y la dama lo espera, el niño llora y la mujer consuela, y yo aquí, sin estar aquí. Termina el segundo acto.
Me aventuro a buscar mi cuerpo y mi voz, al poco tiempo desisto pues no sé la ubicación. La mujer? El niño? están ahora sobre las tablas, protagonizando otros cuadros, usando otras palabras. Me ignoran? Me olvidan? o me desconocen? las preguntas me desagradan, no tanto las respuestas; a todas no. Me perciben, me recuerdan y me conocen, pero ya no pertenecen al elenco de mi vida, ahora solo vienen y van por mis cuadros, dando pinceladas a mis lienzos, pero siempre sabiendo que protagonizan en otro lugar, que ellos también son el principal. Mi cuerpo? Mi voz? no residen en este lugar, por ello emprendo viaje en busca de materialidad. Finaliza el acto tercero.
La mujer camina cargando al niño, el niño no duerme pero no puede caminar, yo los miro piadoso, aunque no estoy seguro de saber que es la piedad. Ya no es el niño quien llora, la mujer ni siquiera solloza, son mis ojos de los que brotan lágrimas que inundan mi cara, me seco con las manos... un momento; mis ojos, mi cara y mis manos... que son si no partes del cuerpo, de ese cuerpo que llevo buscando hace algún tiempo. Búsqueda infructuosa? no lo creo. No siempre debe hallarse lo que se buscaba para completar la misión, a veces solo debes aprender la lección. Fin del cuarto acto.
Epilogo.
Al fin, me uno al andar del niño y la mujer, me miran, me reciben y continuamos, sin grandes reencuentros ni ceremonias, y es que en realidad nunca me fui, porque en los reales vínculos humanos no existen las ausencias, ni las distancias...
lunes, 9 de abril de 2012
La Ramona y Yo
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| La Ramona y yo, unos años atrás. |
Mi guitarra llegó a mi una navidad de 2007. Pasó casi un año para que pudiera decir con propiedad que tocaba, pero ya tenía mi pequeño repertorio. Hoy año 2012, el quinto año que está conmigo, puedo decir con propiedad que la Ramona, a parte de ser una "caja con cuerdas", es una partner infalible y todo un personaje en mi familia.
Para donde voy con ella destacan lo bien que se ve, digamos, lo bien que se ha conservado para tener más de 4 años... es que la Ramona de lejos parece nuevita!! de cerca puedes ver algunas cicatrices que tiene, pero tiene muy buen lejos esta cabra jajajaja
Es una de las protagonistas de las fiestas y encuentros familiares (que no son pocos), ya sea en mis manos o en las de otros (mis 2 cuñados tocan guitarra), pero no soy celoso... ciertamente ella tampoco, pues me permite tocar otras guitarras.
A través de ella logré hacer más cercano un lazo que creía imposible de unir más; el de mi padre y yo. Son muchas las instancias en que hemos terminado los tres, la Ramona, mi papá y yo, cantando (si se puede decir que cantamos) hasta altas horas de la madrugada, rememorando a Víctor, Violeta, Noel Nicola y otros que ya se han ido, o citando a Silvio, Milanes, Serrat entre tantos otros que cantan lo que hay que cantar; porque la guitarra es un arma importante con la que el cantor puede explayarse y consignar realidades. Esto lo entiende bien la Ramona, y por ello no me permite tocar si no es música consecuente... igual deja darme mis gustitos con cosas mamonas o populacheras, como para no aburrir en la fogata digo yo.
En fin, y para no seguir aburriéndolos, simplemente puedo decir que, para ser un tipo que tiende a darle poca importancia a lo material, he encontrado entre las cuerdas de mi guitarra una entrañable e inseparable compañera, ahogadora de penas, otras veces revividora de ellas, confidente y terapeuta... en fin, la Ramona es todo un personaje en mi vida, parte importante del gigantesco andamiaje que sostiene lo que soy, lo que pretendo ser, lo que pronto seré...
lunes, 5 de marzo de 2012
Huyendo de la Noche.
La noche se encaminaba y yo, aun desnudo en muchas formas, ni siquiera imaginaba como enfrentarla. Lo había hecho otra veces, pero siempre me olvido, en estos momentos mi memoria atenta contra mi y me empuja a improvisar cuando más necesito la precisión que solo la experiencia puede entregar.
Pero aquí estoy, desprovisto de armadura ante la profunda oscuridad. La luna me mira por última vez, con una sonrisa que tiene algo de burlesca y despiadada, para luego ocultarse tras esa loma que prontamente dejo de ver por completo. Me dispongo a ser devorado por aquel basto manto de negro semblante, pero segundos antes de hundirme en él mis pies se alejan, llevándome por extraños caminos.
Primero fueron las piedras, firmes y punzantes vallas que se interponían en mi huida; luego fuertes vientos que intentaban, por todos los medios posibles, detener mi andar y obligarme a volver; hubo ríos contra los que tuve que nadar, e incluso bosques que no querían verme pasar, y a mis espaldas el bacilar crepuscular se volvía al negro nocturno y me acechaba incesantemente.
Pero seguí sujeto a la convicción de que habría un lugar donde mi acosador de turno se vería imposibilitado de llegar, un lugar donde resguardar mi desnudo cuerpo que, gracias al escape, se veía más vulnerable que en un principio; una cueva quizás, una casa firme y abrigadora, o simplemente llegar donde la luz rechace a mi nocturno acosador y me reciba sin condiciones en su seno dorado.
No obstante, el andar continuaba y el descanso ni siquiera se divisaba. Las vicisitudes se hacían más terribles a cada paso, e incluso pensé en que seria más conveniente entregarse a la oscura perseguidora, terminando de raíz con tan sufrido andar.
Las rodillas fueron las que decidieron, y en medio de la marcha se doblaron, dejando caer al resto de cuerpo al suelo; no opuse mayor oposición , el trayecto ya era demasiado largo, y ya no veía diferencia entre el tormento de seguir y el de ser atrapado por la despiadada noche. Ella no tardó, me absorbió por un momento y luego se fue, para volver cuando lo crea oportuno.
Me incorporé luego del episodio... miré mis manos, toqué mi cara, como buscando algún cambio en ella; quien sabe, quizás ahora tuviera la nariz en la frente y los ojos en el cuello. Pero nada de eso, la nariz estaba en su lugar, así como también los ojos, cada uno en su cuenca correspondiente. Ciertamente el paso del oscuro manto no era gran cosa, y el sufrimiento vino a mi solo cuando intente huir de la natural caricia de la oscuridad...
sábado, 7 de enero de 2012
Camino...
El camino era estrecho, lo recuerdo bien. A un lado los que te daban la bienvenida, al otro los que te puteaban. Naturalmente te inclinabas hacia los que abrían los brazos, aunque recuerdo a un par que, por masoquistas o por distraídos, terminaron en la vereda de enfrente, con los puteadores. Nunca más se supo de ellos, nadie se atrevería a averiguar tampoco, pero se prestó para mucha especulación. Es que los puteadores eran muy extraños; seguramente las circunstancias imaginadas por nosotros quedaron cortas respecto de la fatal realidad vivida por los distraídos.
En ocasiones, las puteadas iban acompañadas por escupitajos, piedrazos y otros improvisados proyectiles lanzados con gran precisión... ahora que lo pienso, demasiada precisión... recuerdo haber recibido botellazos, monedazos, e incluso papeles prendidos!! Es que los puteadores eran cosa seria.
En la vereda opuesta estaban los "bienvenidores", que eran muy fomes, acogedores, buena gente, pero fomes. Te estrechaban la mano, te daban un abrazo, eventualmente te daban una palmada en la espalda con ocasión del abrazo, y muchas palabras dulces. Suena lindo, pero al cabo de 15 minutos en ese ambiente las nauseas comienzan a hacerse evidentes; y, créanme, no trato de hacerme el rudo, el clima ahí eran nauseabundamente acogedor!!
Es por ello que decidí caminar por el ecuador de este angosto camino, procurando recibir la menor cantidad posible de botellazos, y de hacer oídos sordos a aquellos seres de naturaleza repulsivamente similar a la del "vecinirijillo" de Homero Simpson; cuidando siempre de ser suficientemente vilipendiado y de recibir una dosis recomendable de palabras lindas... después de todo, de eso se trata la vida no?
martes, 1 de noviembre de 2011
un unicornio real.
La resplandeciente entidad llego hacia mi en un profundo sueño que aún se me hace demasiado real. Pronunció unas palabras en ese onírico idioma que nunca sabré traducir y se marcho con la velocidad que solo las esquivas visiones nocturnas suelen adquirir. Desperté algo sobresaltado, "estupideces" fue mi primera impresión. Pero el sueño no me abandono; el haz de luz seguía en mi, paso a paso, y ahora hasta cobraba una forma tan cierta como a la vez incierta.
"Un unicornio", dije para mi, mientras transitaba por alguna poblada calle. Claro que más podía ser, un mitológico e inexistente animal con forma equina. "Que estúpido", fue mi segunda impresión, no muy distinta de la primera.
Pero al parecer el día se llenaba de sinsentidos, y mi cabeza se esforzaba por retenerlos... una idea rondo mi mente por un eterno minuto; "el unicornio es real", esta vez si soné como un loco, por suerte sin aparentes testigos. Si, no había duda alguna, el sueño, en si mismo, no podía si no ser real, y yo, como el sujeto soñador, no podía si no creer en el! Así, resonó en mi cabeza que en principio es imposible soñar cosas increíbles, porque en el sueño lo creíble suele ser imposible.
Si, suena complicado, pero en un simple momento aclaro todo en mi. El unicornio era tan cierto como yo! es tan cierto como yo! Viéndolo así, solo existe un impedimento para que los unicornios puedan existir; nuestra falta de imaginación.
Y así, con esta certeza, me largue a caminar, con una estúpida sonrisa en el rostro y mi unicornio en mi cabeza (espero no perderlo).
"Un unicornio", dije para mi, mientras transitaba por alguna poblada calle. Claro que más podía ser, un mitológico e inexistente animal con forma equina. "Que estúpido", fue mi segunda impresión, no muy distinta de la primera.
Pero al parecer el día se llenaba de sinsentidos, y mi cabeza se esforzaba por retenerlos... una idea rondo mi mente por un eterno minuto; "el unicornio es real", esta vez si soné como un loco, por suerte sin aparentes testigos. Si, no había duda alguna, el sueño, en si mismo, no podía si no ser real, y yo, como el sujeto soñador, no podía si no creer en el! Así, resonó en mi cabeza que en principio es imposible soñar cosas increíbles, porque en el sueño lo creíble suele ser imposible.
Si, suena complicado, pero en un simple momento aclaro todo en mi. El unicornio era tan cierto como yo! es tan cierto como yo! Viéndolo así, solo existe un impedimento para que los unicornios puedan existir; nuestra falta de imaginación.
Y así, con esta certeza, me largue a caminar, con una estúpida sonrisa en el rostro y mi unicornio en mi cabeza (espero no perderlo).
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