Un niño juega con los rastros de algo que estoy seguro desconocer. Lo manipula a voluntad y lo presenta ante mi, con total soltura; "es tuyo ahora, no lo pierdas", me advierte, mientras desaparece del cuadro. Desde otro distante me mira una mujer, sin percatarse del objeto que ha sido depositado en mis manos. Me mira, sonríe y se esfuma. Fin del primer acto.
La mujer y el niño se toman de la mano y se acercan, yo no estoy, pero ellos no lo saben, su paso es seguro y a ratos me asusta. Ya están muy cerca y comienzo a retroceder, intento devolverle el objeto al niño pero no puede verme, ya es tarde, debo estar ahí. Alejarse o permanecer, decisión vital para la prosecución de la obra. Decido quedarme, pero la mujer y el niño pasan de largo y siguen en mi búsqueda; no estoy ahí, no estoy acá, posiblemente carezca de materialidad, quizás sea afortunado o profundamente desdichado. El niño se detiene y la dama lo espera, el niño llora y la mujer consuela, y yo aquí, sin estar aquí. Termina el segundo acto.
Me aventuro a buscar mi cuerpo y mi voz, al poco tiempo desisto pues no sé la ubicación. La mujer? El niño? están ahora sobre las tablas, protagonizando otros cuadros, usando otras palabras. Me ignoran? Me olvidan? o me desconocen? las preguntas me desagradan, no tanto las respuestas; a todas no. Me perciben, me recuerdan y me conocen, pero ya no pertenecen al elenco de mi vida, ahora solo vienen y van por mis cuadros, dando pinceladas a mis lienzos, pero siempre sabiendo que protagonizan en otro lugar, que ellos también son el principal. Mi cuerpo? Mi voz? no residen en este lugar, por ello emprendo viaje en busca de materialidad. Finaliza el acto tercero.
La mujer camina cargando al niño, el niño no duerme pero no puede caminar, yo los miro piadoso, aunque no estoy seguro de saber que es la piedad. Ya no es el niño quien llora, la mujer ni siquiera solloza, son mis ojos de los que brotan lágrimas que inundan mi cara, me seco con las manos... un momento; mis ojos, mi cara y mis manos... que son si no partes del cuerpo, de ese cuerpo que llevo buscando hace algún tiempo. Búsqueda infructuosa? no lo creo. No siempre debe hallarse lo que se buscaba para completar la misión, a veces solo debes aprender la lección. Fin del cuarto acto.
Epilogo.
Al fin, me uno al andar del niño y la mujer, me miran, me reciben y continuamos, sin grandes reencuentros ni ceremonias, y es que en realidad nunca me fui, porque en los reales vínculos humanos no existen las ausencias, ni las distancias...
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