El camino de pronto se abrió; el no supo como ni quiso saberlo, solo siguió por el. Siguió como quien sigue a su maestro, a su tutor, siguió como el rió en busca del mar; simplemente siguió, sin razones, dudas o arrepentimientos.
Cuando el viaje ya era largo y la noche mostró sus primeros brotes, el noto que le faltaba algo, algo que quedo tras ese camino que un día decidió tomar.
Al principio no quiso volver, respetando su decisión, con el orgullo intacto, siguió adelante a pesar de sentir que parte de el se quedaba atrás.
Al tiempo de nuevo pensó en volver, recordando aquello que dejo; pero al volver la vista atrás noto que la rama que un día vio brotar hoy era el tronco de un macizo árbol, cuyas ramas se oponían a aquella ansia de retorno. No quedo mas que seguir, con el vació que significaba, solo debía seguir.
Un día, mientras caminaba, una rama que por su costado se situaba, le abrió el paso a la mirada. La curiosidad venció y le permitio notar el rió que bordeaba su camino.
Aguas cristalinas y de rápido andar, sobre el cual flotaba sereno aquello que tanta falta hacia dentro de el. Primero quiso atravesar la arboleda, lanzarse a las aguas y recuperar aquello tan preciado, pero pronto comprendio que era otro el camino deparado...
En las aguas la cosa amada avanzaba a gran velocidad... pronto sobrepaso a nuestro amigo, quien entendió que desde un principio sus caminos eran otros.
Así, me doy por inaugurado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario