miércoles, 25 de abril de 2012

Búsqueda

Un niño juega con los rastros de algo que estoy seguro desconocer. Lo manipula a voluntad y lo presenta ante mi, con total soltura; "es tuyo ahora, no lo pierdas", me advierte, mientras desaparece del cuadro. Desde otro distante me mira una mujer, sin percatarse del objeto que ha sido depositado en mis manos. Me mira, sonríe y se esfuma. Fin del primer acto.

La mujer y el niño se toman de la mano y se acercan, yo no estoy, pero ellos no lo saben, su paso es seguro y a ratos me asusta. Ya están muy cerca y comienzo a retroceder, intento devolverle el objeto al niño pero no puede verme, ya es tarde, debo estar ahí. Alejarse o permanecer, decisión vital para la prosecución de la obra. Decido quedarme, pero la mujer y el niño pasan de largo y siguen en mi búsqueda; no estoy ahí, no estoy acá, posiblemente carezca de materialidad, quizás sea afortunado o profundamente desdichado. El niño se detiene y la dama lo espera, el niño llora y la mujer consuela, y yo aquí, sin estar aquí. Termina el segundo acto.

Me aventuro a buscar mi cuerpo y mi voz, al poco tiempo desisto pues no sé la ubicación. La mujer? El niño? están ahora sobre las tablas, protagonizando otros cuadros, usando otras palabras. Me ignoran? Me olvidan? o me desconocen? las preguntas me desagradan, no tanto las respuestas; a todas no. Me perciben, me recuerdan y me conocen, pero ya no pertenecen al elenco de mi vida, ahora solo vienen y van por mis cuadros, dando pinceladas a mis lienzos, pero siempre sabiendo que protagonizan en otro lugar, que ellos también son el principal. Mi cuerpo? Mi voz? no residen en este lugar, por ello emprendo viaje en busca de materialidad. Finaliza el acto tercero.

La mujer camina cargando al niño, el niño no duerme pero no puede caminar, yo los miro piadoso, aunque no estoy seguro de saber que es la piedad. Ya no es el niño quien llora, la mujer ni siquiera solloza, son mis ojos de los que brotan lágrimas que inundan mi cara, me seco con las manos... un momento; mis ojos, mi cara y mis manos... que son si no partes del cuerpo, de ese cuerpo que llevo buscando hace algún tiempo. Búsqueda infructuosa? no lo creo. No siempre debe hallarse lo que se buscaba para completar la misión, a veces solo debes aprender la lección. Fin del cuarto acto.

Epilogo.
Al fin, me uno al andar del niño y la mujer, me miran, me reciben y continuamos, sin grandes reencuentros ni ceremonias, y es que en realidad nunca me fui, porque en los reales vínculos humanos no existen las ausencias, ni las distancias...

lunes, 9 de abril de 2012

La Ramona y Yo

La Ramona y yo, unos años atrás.
Mi guitarra llegó a mi una navidad de 2007. Pasó casi un año para que pudiera decir con propiedad que tocaba, pero ya tenía mi pequeño repertorio. Hoy año 2012, el quinto año que está conmigo, puedo decir con propiedad que la Ramona, a parte de ser una "caja con cuerdas", es una partner infalible y todo un personaje en mi familia.

Para donde voy con ella destacan lo bien que se ve, digamos, lo bien que se ha conservado para tener más de 4 años... es que la Ramona de lejos parece nuevita!! de cerca puedes ver algunas cicatrices que tiene, pero tiene muy buen lejos esta cabra jajajaja

Es una de las protagonistas de las fiestas y encuentros familiares (que no son pocos), ya sea en mis manos o en las de otros (mis 2 cuñados tocan guitarra), pero no soy celoso... ciertamente ella tampoco, pues me permite tocar otras guitarras.

A través de ella logré hacer más cercano un lazo que creía imposible de unir más; el de mi padre y yo. Son muchas las instancias en que hemos terminado los tres, la Ramona, mi papá y yo, cantando (si se puede decir que cantamos) hasta altas horas de la madrugada, rememorando a Víctor, Violeta, Noel Nicola y otros que ya se han ido, o citando a Silvio, Milanes, Serrat entre tantos otros que cantan lo que hay que cantar; porque la guitarra es un arma importante con la que el cantor puede explayarse y consignar realidades. Esto lo entiende bien la Ramona, y por ello no me permite tocar si no es música consecuente... igual deja darme mis gustitos con cosas mamonas o populacheras, como para no aburrir en la fogata digo yo.

En fin, y para no seguir aburriéndolos, simplemente puedo decir que, para ser un tipo que tiende a darle poca importancia a lo material, he encontrado entre las cuerdas de mi guitarra una entrañable e inseparable compañera, ahogadora de penas, otras veces revividora de ellas, confidente y terapeuta... en fin, la Ramona es todo un personaje en mi vida, parte importante del gigantesco andamiaje que sostiene lo que soy, lo que pretendo ser, lo que pronto seré...