Un hombre y una mujer sentados en un arenoso mar de inmensidad.
Un viento ensordecedor los abraza, envolviéndolos de eso que algunos llaman amor. Pero por ahora es solo arena, por ahora solo algo ordinario, común.
De pronto, el gira su cabeza y con un esfuerzo sobrehumano esboza lo que pareció ser un saludo; "Hola" se dejo escuchar entre la desértica tormenta.
Pero ella no se inmuto, no escucho mas que esa brutal brisa que al mundo azotaba.
"Oye! Puedes Escucharme?!!" este fue el siguiente intento, que le destrozaba la garganta.
Pero no recibió respuesta alguna, su voz no podía contra el eólico aliento que reinaba.
"Puedes Escucharme?!!" un nuevo intento, igual de infructuoso, pero mas doloroso.
Las fuerzas escaseaban, pero, haciendo caso omiso del dolor y del cansancio, elevo un brazo y lo dirigió hacia ella; toco su hombro y repitió un agónico "Puedes Escucharme?".
Pero su voz no era tal en medio de esta tormenta, y la mujer no pudo distinguir entre aquel toque en el hombro y el resto de los toque que el viento y la arena le daban.
Notando su fracaso, al hombre solo le quedo llorar; la suma de su frustación con el dolor del esfuerzo que llevo a cabo daban como único resultado posible el llanto.
No obstante, el soplo reinante se apiado del desconsolado hombre y como el mas gentil de los gestos dirigió una lágrima hasta la cara de la mujer...
Ella sintió aquella humedad, en esta desértica atmósfera no le fue difícil, y volteo su cabeza hacia donde al parecer provenía aquel liquido toque. Al completar la acción encontró al hombre cuyo llanto le llamo.
Lo miro, y con suave gesto le sonrió, dejando escapar de sus labios un tierno "Hola".
El, con la garganta destrozada y los ojos húmedos, solo pudo devolver la sonrisa, para luego, con firme mirada, pedirle que no deje de hablar.
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