sábado, 16 de febrero de 2013

Ruido.

Una habitación repleta y una canción suena de fondo, no puedo distinguirla entre tanto ruido... todos hablan sin decir nada, mueven la boca convencidos de que son palabras lo que sale de sus bocas... yo sólo escucho ruidos, muy molestos por lo demás, y la canción de fondo; una tonada que trae tranquilidad en el caos.

Cierro los ojos, intentando concentrarme en la música, lo que se hace imposible... me alzo entre la multitud y lanzo un grito estridente, "CÁLLENSE!!" se oye en la ruidosa habitación... obedientemente todos lo hacen, sorprendidos ante mi repentina arremetida. Vuelvo a cerrar los ojos, agudizo el oído y nada... la música desaparece en el instante perfecto para haberla oído. Pasados unos segundos todos vuelven a sus desagradables ruidos...

Me siento en el fondo de la habitación y vuelvo a percibir la música, pero nuevamente no logro distinguirla! En voz baja comienzo a insultar... Pronto la rabia se apodera de mi y mis insultos se oyen por sobre el ruido de los demás... Me callo al notarlo, y los demás vuelven a lo suyo.

Decepcionado vuelvo a mi asiento, el ruido sigue, al igual que la música de fondo, imperceptible para mi. Último intento, reúno fuerzas, lleno los pulmones, y con un gran grito los expulso a todos de la habitación...

Afino el oído y nada...

Ahora, totalmente solo, vuelvo a sentarme para llegar a la siguiente conclusión: la música no era más que la suma de las voces de quienes me acompañaban...