sábado, 7 de enero de 2012

Camino...

El camino era estrecho, lo recuerdo bien. A un lado los que te daban la bienvenida, al otro los que te puteaban. Naturalmente te inclinabas hacia los que abrían los brazos, aunque recuerdo a un par que, por masoquistas o por distraídos, terminaron en la vereda de enfrente, con los puteadores. Nunca más se supo de ellos, nadie se atrevería a averiguar tampoco, pero se prestó para mucha especulación. Es que los puteadores eran muy extraños; seguramente las circunstancias imaginadas por nosotros quedaron cortas respecto de la fatal realidad vivida por los distraídos.
En ocasiones, las puteadas iban acompañadas por escupitajos, piedrazos y otros improvisados proyectiles lanzados con gran precisión... ahora que lo pienso, demasiada precisión... recuerdo haber recibido botellazos, monedazos, e incluso papeles prendidos!! Es que los puteadores eran cosa seria.
En la vereda opuesta estaban los "bienvenidores", que eran muy fomes, acogedores, buena gente, pero fomes. Te estrechaban la mano, te daban un abrazo, eventualmente te daban una palmada en la espalda con ocasión del abrazo, y muchas palabras dulces. Suena lindo, pero al cabo de 15 minutos en ese ambiente las nauseas comienzan a hacerse evidentes; y, créanme, no trato de hacerme el rudo, el clima ahí eran nauseabundamente acogedor!!
Es por ello que decidí caminar por el ecuador de este angosto camino, procurando recibir la menor cantidad posible de botellazos, y de hacer oídos sordos a aquellos seres de naturaleza repulsivamente similar a la del "vecinirijillo" de Homero Simpson; cuidando siempre de ser suficientemente vilipendiado y de recibir una dosis recomendable de palabras lindas... después de todo, de eso se trata la vida no?